Incubadora
Es una especie de urna de cristal transparente especialmente acondicionada para facilitar al niño prematuro la correcta maduración de sus funciones orgánicas.
Las incubadoras modernas están provistas de dispositivos que controlan automáticamente la temperatura de su interior, así como la concentración de oxígeno y el grado de humedad. A través de unas ventanillas laterales la enfermedad puede limpiar al niño, alimentarlo e incluso pensarlo en completas condiciones de asepsia y sin necesidad de sacarlo de la incubadora.
Insolación
Se caracteriza por fuertes dolores de cabeza y vértigo, seguidos de vómitos y calambres dolorosos. En casos extremos el niño puede presentar fiebre muy alta, de 40º C o más.
Hay que llamar al médico lo antes posible, y mientras llega, retirar al niño del sol, trasladándolo a un sitio de menor temperatura que esté en la sombra. Hecho esto, se le tiende y se el aplican compresas de agua fría o de colonia en la cabeza; si no ha perdido el conocimiento, se el puede hacer beber una pequeña cantidad de agua con un poco de sal, a fin de que remplace el agua y la sal perdidas en el sudor. También puede resultar efectivo aplicarle un masaje en las piernas, procediendo desde los pies hacia arriba.
Ictericia del recién nacido
Aproximadamente al segundo o tercer día del nacimiento la piel del niño y sus mucosas se tiñen de un color amarillento; no se trata de ninguna enfermedad, sino que es consecuencia de la normal destrucción de cierto número de globos rojos de su sangre. La oxigenación de la sangre fetal se realiza a través de la placenta a expensas de la sangre de la madre; para lograr el máximo provecho de este sistema, ciertamente útil, pero precario, el feto desarrolla gran cantidad de glóbulos rojos o hematíes, pues ellos son los encargados de fijar el oxígeno. Cortado el cordón umbilical e instaurada la respiración aérea, el organismo del niño ya no necesita tal cantidad de glóbulos rojos y procede a su destrucción sistemática; es este proceso el que ocasiona la presencia en la sangre un pigmento llamado bilirrubina, responsable de la coloración amarilla de la piel.
El tinte amarillento se manifiesta con mayor intensidad entre el cuarto y el quinto día de vida, para desaparecer gradualmente al cabo de una semana; ahora bien, si persistiera durante más tiempo esta coloración, y si fuera muy intensa, se debería poner inmediatamente en conocimiento del médico. También es síntoma de alarma si se presenta dentro de las primeras 24 horas de vida del niño. Mientras dura esta ictericia fisiológica el recién nacido puede manifestar mayor somnolencia, incluso muchas veces pierde intensidad su instinto de succión; ninguno de estos hechos debe preocuparnos ya que son consecuencias normales de éste fenómeno.
Impétigo
Infección superficial de la piel, causada por estreptococos o estafilococos, que se caracteriza por la aparición de unos granitos rojos con ampolla (vesículas), que contienen un líquido de color amarillento o blancuzco. Las vesículas se rompen en seguida y se transforman en pústulas –esto es, segregan pus-, cubiertas por una costra amarillenta y húmeda que se va haciendo cada vez más extensa porque son focos de infección. En estas circunstancias, si el niño las manipula o se rasca, las lesiones se extienden rápidamente. Suele aparecer en las zonas de piel húmeda –ingles y axilas, las comisuras de los labios, lagrimales, debajo de la nariz (en particular después de un resfriado), etc.-, pero como ya hemos dicho se difunden por zonas muy amplias.
Lo primero que hay que hacer en orden al tratamiento es cortar lo que más se pueda las uñas del niño para evitar que extienda la infección. Téngase, además, en cuenta que si las costras se levantan quedará una cicatriz. En segundo lugar, hay que extremar la higiene de la ropa del niño por la misma razón, sobre todo si los focos infecciosos aparecen en zonas tapadas; en la medida de lo posible convendría que las lesiones quedaran al aire libre; pero si han de estar cubiertas con ropa, ésta se cambiará con frecuencia y se hervirá una vez lavada. Con unas compresas empapadas en agua hervida tibia o en agua oxigenada, ablandaremos la costra que cierra la herida, para poder levantarla sin hacer daño al niño; luego aplicaremos sobre la herida alguna pomada antiséptica, preferentemente pomadas al óxido de cinc. Si las lesiones son muy extensas convendrá consultar al médico acerca de la conveniencia de reforzar los remedios locales con una medicación antibiótica general. Quizá sea conveniente también administrar al niño una tanda de vitaminas A y D.
En ocasiones el impétigo se desarrolla sobre lesiones cutáneas ya existentes y de origen distinto.
Intoxicaciones
Por desgracia un accidente frecuentemente en el hogar son las intoxicaciones producidas por la ingestión de sustancias tóxicas, como insecticidas, detergentes o petróleo, y de medicamentos. Estos accidentes, además, ocurren en la mayoría de los casos por imprudencia de los padres, que dejan al alcance de los niños productos que encierran sustancias tóxicas o medicinas.
Por consiguiente, antes de explicar las principales normas de actuación en caso de intoxicaciones es mejor insistir en las medidas preventivas. Podemos reducir éstas a cinco: 1) guardar las drogas, las sustancias venenosas, los productos químicos y las medicinas en armarios que se puedan cerrar con llave y lejos del alcance de los niños; 2) separar los elementos no comestibles de alimentos; 3) conservar las sustancias venenosas en sus envases originales, para saber en todo momento qué contiene cada recipiente; 4) en el momento mismo que se desecha un medicamento lanzarlo a la basura y desprenderse de él rápidamente; 5) cuando se administre una medicina la niño insistir siempre en que se le da un medicamento, no un caramelo o golosina, y que se le da para curarlo, no como premio.
Veamos ahora qué hemos de hacer en caso de envenenamiento. En primer lugar hay que establecer el tipo de veneno, para ello hay que guardar el envase o una muestra del vómito, que mostraremos al médico en cuanto venga.
Otro paso en nuestra actuación es provocar el vómito, excepto en aquellos casos en que el accidentado éste inconsciente, tenga convulsiones o haya ingerido petróleo o gasolina, ácidos violentos y productos alcalinos. Para provocar el vómito se introduce un dedo en la boca del niño hasta el fondo, si éste estuviera en ayunas hay que darle previamente agua o leche en gran cantidad; si de esta manera no consiguiéramos provocar el vómito podemos administrar al niño un vomitivo.
En tercer lugar hay que llamar al médico inmediatamente en caso de corrosivos ácidos –sulfato ácido de sodio (usado en la limpieza de retretes), ácido acético glacial, ácido sulfúrico, ácido nítrico, ácido oxálico, ácido fluorhídrico –que se emplea para quitar las manchas de herrumbre –yodo, nitrato de plata, etc. Y corrosivos alcalinos (hidróxido sódico, lejía, carbonato sódico, agua amoniacal, hipoclorito sódico, etc.)
Mientras esperamos al médico podemos administrar al niño algunos antídotos: leche, agua o leche de magnesia (50 gr por litro de agua) para ácidos corrosivos; leche, agua o carbón activo para sustancias no corrosivas; bicarbonato (una cucharadita por vaso de agua) en las intoxicaciones por alcohol metílico. En los casos de intoxicación por inhalación hay que sacar al niño al aire libre, sin permitir que haga ningún esfuerzo y hay que aflojarle la ropa; si es preciso habrá que practicarle la respiración artificial, después hay que procurar que no se enfríe y acostarlo en una habitación semioscura y tranquila; de ninguna manera se le administrará alcohol. En los casos de contaminación cutánea hay que proceder a un lavado rapidísimo y a fondo de la piel, de esto depende la amplitud o escasez del daño. Si han resultado afectados los ojos, hay que lavarlos con agua abundante hasta la llegada del médico.
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