Muchas veces las mamitas, en especial cuando son primerizas, se desesperan al escuchar el llanto del bebé; lo primero que hacen es intentar darle de comer, si no recibe entonces lo mecen, lo pasean por toda la casa, le cambian el pañal y si no se calma entonces es que algo le duele y ahí si vemos a las mamitas angustiadas.
No hay porque preocuparse, eso nos pasa a todas; lo importante es aprender a conocer al bebé y a confiar en el instinto de mamá que todas lo tenemos y que no falla.
Lo que si debemos tener en cuenta, es que si el pequeño llora es porque algo tiene, no necesariamente dolor, puede ser una pequeña inconformidad por algo que debemos aprender a detectar, si ya está alimentado, si está limpio, puede ser que tenga sueño y no se puede dormir, o que algo en su ropita le está fastidiando. Si ya descartamos las anteriores circunstancias y el bebé no se calma, la mamita debe acercarse a el para observarlo y ver qué le pasa, hablarle con cariño, acariciarle su cabecita. Si sigue molesto, es muy eficaz cruzarle sus dos manitos sobre el pecho y ponerle la propia mano sobre ellas para mantenerlo quieto; lo que pasa es que cuando el bebé se pone a llorar su cuerpo empieza a estremecerse y como tiene su sistema nervioso autónomo inmaduro eso lo sobre estimula y asusta. Y si pese a todo ni el chupete lo tranquiliza, entonces hay que tomarlo en brazos y acercarlo hacia el lado corazón de manera que escuchen los latidos, esto los tranquiliza bastante porque se sienten nuevamente el vientre de mamá y si es el papá quien lo está cargando, empiezan a conocerlo y a estrechar más los lazos.
El sicólogo Felipe Lecannelier dice que lo importante es que los padres logren el “apego seguro”, éste se da cuando son capaces de detectar las necesidades de su hijo y satisfacerlas. Entonces, si llora van a ver qué le pasa, lo alimentan cuando lo pide y lo cargan en sus brazos sin miedo a malcriarlo, como dicen muchas personas. El llanto siempre tiene algún motivo y el pequeño que no es atendido se siente solo y abandonado.
Por el contrario, cuando cuenta con sus papás, se sentirá siempre protegido y seguro y, poco a poco, se atreverá a explorar su entorno, primero con la mirada y luego gateando o caminando. El resultado es que será más independiente y mejor adaptado en lo sicológico. Cuando los papitos son fríos o negligentes y no acuden al llanto del pequeño, “porque según dicen, se debe dejar llorar para que desarrolle los pulmones” éste aprende que ellos no estarán nunca para él. "Este estilo de apego, se llama “evitante”, y dará un chico depresivo, solitario y que confía poco en los demás.
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