Cuando uno es adolescente quiere vivir la vida apresuradamente, está lleno de pasión, de intensidad, de ganas de hacer muchas cosas; pero llega el matrimonio, los hijos, el tercer piso y uno cambia de manera de pensar. Se ve la vida desde el escalón de la cordura y la sensatez y esto no es malo, significa que estamos madurando y evolucionando, lo que no está bien es que ya no tengamos tiempo para dedicarnos a nosotros mismos, que perdamos esa pasión y esas ganas de hacer siempre cosas diferentes; lo que no está bien es que caigamos en el aburrimiento de la monotonía y luego culpemos a nuestra pareja o a nuestros hijos y sobre todo, no podemos perder el erotismo que es la forma más sublime de demostrar amor.
Un alto porcentaje de parejas de hoy en día, caen en esta situación por diferentes causas: los hijos, el trabajo, los problemas económicos, hacen que cada día se disfrute menos del sexo. Pensando en esto, encontramos un artículo muy bueno del doctor Paul Pearsal que habla del tema y con 8 reglas nos ayuda para no perder esa parte tan importante en el matrimonio; aquí están estas 8 reglas que pueden ser útiles en un momento dado.
Primera regla: Reconozca que el erotismo en el matrimonio no es algo que usted "recibe" a cambio de nada. Se trata de algo que se debe ganar con el tiempo, al compartir los sueños y ayudarse mutuamente, más que cumpliendo con el trabajo y atendiendo a labores domésticas. La vida sexual es cuestión de prioridades, más que de genitales.
Segunda regla: No intente nunca convertir su matrimonio en un idilio. Los idilios son fugaces imitaciones apasionadas, e inmaduras, de un amor que sólo es posible en las relaciones maduras, perdurables.
El erotismo marital armonioso exige una "sexualización" del matrimonio entero, y no simplemente asignarle a las relaciones sexuales la categoría de un deber conyugal ineludible.
Aislar mecánicamente la sexualidad conyugal del amor conyugal, da como resultado una forma de amorío "extraconyugal" dentro del matrimonio, en lugar de una intimidad "intraconyugal", deseable además de necesaria.
Se ha hablado mucho ya acerca de las aventuras extraconyugales. De las parejas que he atendido, más del 70 por ciento de los maridos y del 40 por ciento de las esposas declaran haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. Sin embargo, rara vez se destaca que las relaciones extraconyugales distan muchísimo de la intimidad y satisfacción asequible dentro del matrimonio bien llevado. El erotismo marital no se desarrolla por medio de la variedad, la aventura, el misterio y la transformación del matrimonio en un "emocionante amorío", sino con el conocimiento objetivo de la relación que guarda la sexualidad con el amor perdurable, reconfortante y satisfactorio.
Tercera regla: Cualquier aspecto del matrimonio que se pase por alto desaparecerá. En especial la vida sexual. Para muchas parejas, la intensidad del placer resultante de sus relaciones sexuales, corresponde directamente a la atención que aquellas le prestan a estas.
El erotismo es un fenómeno que depende también de la aceptación del ciclo erótico que al paso del tiempo surge entre dos personas. Tener relaciones sexuales cada sábado, por ejemplo, puede servir para aprovechar uno de los días de su mutuo ciclo conyugal, sin que ello signifique, absolutamente, un signo de aburrimiento. Estos ciclos evolucionan cuando las personas se sintonizan entre sí. Todo en la vida es cíclico, y la excelencia erótica es resultante del cabal conocimiento de los ciclos conyugales, así como de establecer la comunicación y aprender todo lo posible al respecto. Así se podrá, llegado el caso, modificarlos conjuntamente.
Haga una buena revisión de su matrimonio. En primer lugar, ¿recuerda usted por qué se casó con su cónyuge? Acuérdese de todo lo que ya les ha sucedido, y piense en lo que puede ocurrirles en el futuro. Procure encontrar emociones dentro del matrimonio en sí: esa extraordinaria combinación de ustedes dos. Cultivar este sentido de familiaridad, les brindará una poderosa retribución sexual.
Cuarta regla: El matrimonio está en primer lugar todas las demás personas y circunstancias quedan después del matrimonio. Los niños y los suegros, el trabajo y la diversión; todo, en fin, se beneficia más con la primacía conyugal que con el sacrificio matrimonial, pues el matrimonio es la unidad central. Cuanto más sólido sea el núcleo central, tanto más fuerte será también el resto del sistema.
Si es verdad que cosechamos lo que sembramos, entonces los matrimonios están en graves aprietos. Piénsese, por ejemplo, que si dedicáramos al trabajo el poco tiempo que reservamos al amor conyugal, seguramente terminaríamos desempleados o en bancarrota.
Una prueba aplicada a más de 5.000 parejas en una clínica, reveló que del total del tiempo que les queda libre después del trabajo, el sueño y otras constantes, la pareja promedio para menos del uno por ciento de dicho tiempo conviviendo como tal.
Quinta regla: Los hijos representan lo mejor de un matrimonio, pero la prioridad otorgada a los hijos ha agobiado a muchas parejas, dando por resultado que todo se haga para ellos, en vez de llevarse a cabo junto con ellos. Debemos comprender que los hijos son tan importantes como nosotros mismos para no sacrificar el matrimonio. Después de todo, ¿acaso no era uno de nuestros máximos deseos el que nuestros padres fueran felices? Piense usted en conceder ese privilegio a sus hijos.
Sexta regla: Utilice la técnica love, siglas en inglés de Escuche, Observe, Compruebe y Comprenda. Aplíquelo a su cónyuge por lo menos una vez al día. Emita y reciba la comunicación procurando escuchar y aprender, y trate de fijarse en su cónyuge cuando él o ella hable. Aplique esta técnica siempre que se discutan cuestiones importantes, y procure captar los sentimientos, y no sólo las palabras de lo que su pareja le diga.
Séptima regla: Más vale ahora que nunca. El matrimonio erótico se basa más en las acciones que en los propósitos. Según parece, siempre esperamos que llegue el momento en que el techo esté bien pintado, los niños se porten bien y la cuenta de cheques esté en orden. ¡Ese momento jamás llega!
De acuerdo con mi experiencia, los matrimonios suelen establecer por lo general tres condiciones a saber: haremos el amor cuando: 1. Los niños estén dormidos, 2. Nosotros estemos listos para ir a acostarnos, y 3. No haya otra cosa que hacer. ¡Eso es imposible! Es verdad que debemos vivir como si no existiera el mañana, pero es indispensable disfrutar creativamente del amor como si nada más contáramos con él ahora.
Octava regla: Espere cambios constantes. Suponemos que cada uno de nosotros encontrará al mismo tiempo las oportunidades de la vida, pero las cosas no ocurren así. Yo aconsejo a mis clientes; "Nunca se divorcie de alguien a quien no conoce". Varias veces durante nuestra vida conyugal, tenemos que aprender a casarnos de nuevo con una persona cambiante y diferente. Por ello, debemos aprovechar los cambios y hacer de nuestro actual matrimonio una obra de arte siempre renovada.
Invariablemente, las soluciones de los problemas conyugales se encuentran en cada matrimonio. Si algo he aprendido al observar a miles de parejas y a otros cientos de personas en mi experiencia clínica, es que el matrimonio se ha corrompido por la crédula aceptación de los "expertos sexuales". |